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SALUD PÚBLICA Y EPIDEMIAS EN COLOMBIA

Escrito por Simón Ruiz Triana - Publicado el 16 de Junio 2020

Con el paso de los siglos, Colombia ha atravesado por muchos cambios relacionados con los servicios de salud, entre estos ha tenido que reaccionar de manera repentina a las enfermedades que se han propagado y que han llegado a ser catalogadas como epidemias. Estos cambios o reacciones han logrado truncar los contagios masivos a lo largo del país. Como se puede evidenciar en distintas investigaciones, las zonas más afectadas por enfermedades han sido generalmente los cálidos trópicos, en donde el mosquito ha sido el principal propagador.

Empezando con las epidemias de fiebre amarilla, los primeros planes de contingencia en el siglo XVIII en contra de esta enfermedad y empleados por el gobierno fueron los programas educativos y el cambio de estilos de vida por unos más higiénicos. Así el brote se pudo controlar de una manera más rápida, de esta forma se detuvo el contagio y la muerte de más personas.

Siglo XIX. Luego de esta primera epidemia en el país, se le abrió la puerta a un sinfín de bacterias, virus y parásitos que pronto atacarían a las poblaciones por medio del agua, el contacto físico y la poca higiene manejada en el día a día, enfermedades como el paludismo, la fiebre tifoidea y el dengue, fueron de las más difíciles de controlar, pues las dos primeras eran propagadas a través del agua, especialmente por el agua no tratada. Lo que en años siguientes impulsaría a ciudades como Medellín y Bogotá a crear alcantarillados y tratadoras de agua para el consumo humano, pues era necesario separar el agua de donde se arrojaban los desechos, del agua disponible para el consumo humano.

También se emprendieron nuevas campañas de higiene para que las personas cambiaran sus hábitos, vivieran de forma más limpia y libres de enfermedades a sus alrededores. El dengue por otro lado y con la experiencia de enfermedades anteriores como la fiebre amarilla, se pudo controlar de manera más veloz, cosa que en todo caso no impidió el contagio y la muerte de miles de personas en el país.

Colombia se ha caracterizado por no implementar medidas preventivas en contra de todas las enfermedades vistas, y como podemos observar, únicamente se han realizado planes de choque cuando las enfermedades se encuentran en un estado avanzado y se han llevado consigo muchas personas. Esto no ha gustado a muchos médicos que desde distintas regiones del país fueron siempre en contra del sistema y demostraron la eficacia de la prevención de las enfermedades, por sobre los planes preparados por el gobierno para detener el avance de las epidemias que se presentarán. Todo esto es evidenciable en los relatos del libro “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince.

Siglo XX. Durante décadas todo se mantuvo del mismo modo hasta la pandemia de 1918 conocida como la gripe española, donde todo cambió. La zona más afectada, el Altiplano Cundiboyacense, donde se concentró el mayor número de contagios y muertes, alcanzando cifras de 10.123 muertes en la ciudad de Bogotá y en el departamento de Boyacá, siendo este último el más damnificado albergando 2.019 muertes (Fred Manrique, 2009). La gripe llegó por medio de la industrialización que se sucedía en ese momento, algún material traído del exterior debió contener el virus y hacerlo dispersar por el territorio.

Siglo XXI. Ahora refiriéndonos a un contexto más moderno y cercano, hay evidencia de lo poco que ha aprendido el país, que no supo cómo contener bien un virus como el H1N1 y ahora con el SARS-COV 2 hace lo posible por no permitir que las personas se contagien, recurriendo a cuarentenas y confinamientos en los lugares de vivienda (cosa que ha traído problemas para las personas de bajos y medios recursos que dependen del ir a trabajar para poder comer), protocolos para desplazarse fuera del hogar y otras medidas de prevención. En este momento es necesaria la acción por parte del gobierno, de buscar salidas para todas estas personas que necesitan ingresos para suplir sus necesidades básicas y de alimento, sin tener que trabajar y arriesgarse a un posible contagio.