Escrito por Stefany Alejandra Toro - Publicado el 16 de Junio
2020
“Una voz en contra de aquello que nos reprime”
El curso del tiempo nos trajo caos. Nosotros somos simplemente presas del pánico que este
genera, algo que nadie percibía, pero irremediablemente nos aguardó.
Hombres y mujeres fallecen; se llora, se cuestiona, se teme. El miedo y el desespero se convierte
en la rutina de aquellos cuyo hogar es un andén e incluso un puente es una salvación, caminan
horas y horas bajo la lluvia a la espera de un cambio, porque la desigualdad y las injusticias de la
vida los tienen allí, pero sin importar, la lucha por permanecer en pie es más fuerte, la barrera
ante cualquier circunstancia es el amor por la vida y el querer ser escuchados.
Son los pasos indiferentes del poder, se hacen los ciegos ante el hambre que se sufre; en las
encorvadas espaldas cargan el pan que rescatan del polvo y la tormenta. El silencio no es una
opción y llega el deseo de ser libre, de vivir como se merece y acabar con esa celda que
imponen, llega el momento que se está gritando desde hace tiempo; aunque se escucha el
estruendo en las tejas de los hogares y las grandes corrientes de agua que bajan por las calles, no
es suficiente para detener una voz en contra de aquello que nos reprime a diario. Por culpa de la
tormenta las calles quedaron solas, las personas aguardan en sus hogares y desde allí se hace lo
posible por resistir, porque la neblina no les permite ver con claridad a algunos.
La ausencia del sol evoca invasiones por la lluvia, atacan a las zonas que creen vulnerables, pero
no tan rápido, se reúnen comunidades con un grito de resistencia. Nada ha terminado, aquella
unión no permite que el agua arrase con su tierra, no se puede destruir aquello que simboliza
libertad, hogar y amor, no hay otra arma que acabe con los días de tormenta.