Escrito por María Fernanda Huerta - Publicado el 16 de Junio
2020
Me levanté de la mesa empujando bruscamente mi asiento hacia atrás y me fui
corriendo con lágrimas en mis ojos hacia mi habitación, al entrar, cerré la puerta de
un golpe y me recosté en un rincón de mi cama, mientras me despojaba de mi
corbata. No quería seguir aguantando las burlas de mi “familia” por no aceptar lo
que yo realmente quería ser, sé que puede llegar a ser algo difícil para ellos, no son
personas de mente muy abierta, pero a pesar de que se los he dicho miles de veces,
no comprenden que lo último que quiero es que me sigan llamando Jessica, solo me
hacen daño haciéndolo. No comprendo porque se les sigue haciendo tan difícil
llamarme Mark.
Me acomode mi nuevo corte de cabello, era mucho más corto que antes, me despoje
de mi abrigo y mi camisa para quitarme el binder, no puedo estar con el 8 o 12 horas
seguidas y he estado con él casi todo el día, acto seguido, me quite toda la ropa,
tome una ducha e intenté relajarme y pensar; puede que ellos no me acepten, pero yo
empiezo a quererme, eso es lo importante.
Pasaron días y semanas, mi familia seguía ignorándome, es tan doloroso ver como
mis padres, mis hermanos y mi abuela me veían como una broma, la oveja negra de
la familia, su decepción, sé que no soy lo que querían que fuera, pero así soy y ya,
tome una decisión, me iré de este lugar y empezare una nueva vida.
Después de mucho tiempo desde que agarré una mochila con las cosas necesarias,
me aleje totalmente de mi familia, decidí no volver a verlos, al fin estaba triunfando,
tenía un buen empleo en una empresa, mi cargo no era muy alto, pero había
ahorrado bastante y ahora tenía suficiente dinero para empezar mi tratamiento de
hormonas, quería tener un aspecto masculino, me haría más feliz. Todavía estaban
fijas en mí aquellas miradas de asco y burla, pero eso no era importante después de
haber aguantado las miradas de rechazo de la gente que si me importaba. No quiero
seguir recordando esas fechas, quiero lograr mis objetivos sin ver mi pasado.
Un día cualquiera, Mark salió hacia el centro comercial, era bastante tarde, pero
quería hacer algunas compras necesarias; Mark estaba muy feliz ya que no llamaba
tanto la atención como antes, le iba muy bien con su tratamiento, ya llevaba un par
de meses con este y ya se notaban ciertos cambios en su voz y en la aparición de un
poco de vello facial, aunque aun así, se notaban bastante sus rasgos femeninos
incluso si intentaba esconderlos. Al salir del centro comercial, tomo el camino de
siempre para llegar al pequeño apartamento en un lugar bastante concurrido, hasta
que en el camino se encontró a un grupo de muchachos altos y con un aspecto
extraño, aunque no les prestó atención. Cuando ya Mark se acercaba más a su
destino, las calles se hacían más oscuras y había menos gente, pero no se preocupó,
después de todo, estaba a unos cuantos metros de llegar a un lugar muchísimo más
seguro; no se preocupó de eso como tampoco de aquel grupo de hombres que lo
estaban siguiendo desde que lo vieron.
Dos hombres lo tomaron de los brazos mientras lo llevaban detrás
de unos árboles
que rodeaban un parque justo al lado del edificio en el que vivía, le callaron
pegándole cinta en su boca, asegurándose de que nadie lo escuchara, los hombres lo
apoyaron contra un árbol mientras que sus otros compañeros lo golpeaban, lo
pateaban y le escupían, a la vez que le gritaban cosas horrorosas como: “seguro no te
han hecho sentir mujer”, “eres una deshonra para todo el que te ve”, “nunca serás un
chico de verdad”.
Mientras sucedía todo esto, en la mente de Mark solo pasaban recuerdos de cuando
salio del closet y su padre le golpeó por presentarse como un chico transexual.
Recordó también la mirada de asco de su abuela y reafirmo lo feliz que se sentía con
su tratamiento; había logrado salir adelante por su propia cuenta, en todo eso
pensaba mientras que de su cuerpo corría sangre y de sus mejillas, cristalinas
lágrimas.
Abandonado y solo, recostado en el viejo tronco de ese árbol, sentía como sus
esperanzas desaparecían, y su cuerpo dejaba de responderle, ¿era acaso un delito ser
diferente?
Unos niños encontraron su cuerpo sin vida 4 días después y asustados llamaron a sus
padres, quienes dieron aviso a la policía. Mark había muerto desangrado. Los padres
de Mark le pagaron un ataúd y todo lo que tenía que ver con su funeral, pero lastima
o arrepentimiento no tenían, mucha falta no les iba a hacer. Y ahora era solo otro
cadáver en aquel cementerio.